Por qué alojarse en un albergue transforma tu experiencia como peregrino
La primera noche que pasé en un albergue fue en Roncesvalles, tras cruzar los Pirineos con las piernas tremiendo. El hospitalero nos recibió con calma, selló la credencial y nos explicó los horarios con la paciencia de quien ha visto miles de inicios. A mi izquierda, una coreana luchaba con la funda del saco; a mi derecha, un gallego remendaba una ampolla con esparadrapo. Olía a bálsamo, a ropa secándose sobre cuerdas improvisadas, a sopa que alguien había dejado a fuego le